Introducción: Las 3 M

Para empezar quiero compartir con ustedes lo más básico. Y cuando digo “lo más básico”, me refiero a aquello que nos permite tener una formación sólida para comprender la vida. Esa formación básica consiste en entender cómo nace una planta y cómo se relaciona con el mundo. Lo importante es entender la relación entre la parte superior de la planta y su parte inferior, ya que nunca existe una sin la otra; siempre hay una base que sostiene el sistema. Cuando nos alejamos de esas bases, perdemos todo. Entonces aparece una relación que llamamos la ecuación de las 3 M. Esa ecuación representa la relación entre el mundo mineral (rocas y elementos que no provienen directamente de seres vivos), el mundo de la materia orgánica (algo que alguna vez estuvo vivo y que vuelve a alimentar la vida del suelo),  y el mundo de la microbiología (seres vivos muy pequeños que viven en el suelo y cerca de las raíces).

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Mundo mineral

El mundo mineral es la base material sobre la que se construye la vida. Está formado por rocas, minerales y elementos que encontramos en el suelo, como calcio, magnesio, potasio, fósforo, hierro, zinc, cobre, manganeso y boro. Muchos de estos elementos se encuentran unidos a diferentes minerales y no siempre están disponibles para que una planta pueda utilizarlos directamente. Podemos imaginar el mundo mineral como una gran reserva de materias primas: los elementos están presentes, pero necesitan ser transformados, liberados o movilizados para que puedan entrar en la vida de la planta. El agua, las raíces, el clima y, especialmente, la microbiología participan en estas transformaciones. Por eso, encontrar un mineral en el suelo no significa necesariamente que la planta pueda aprovecharlo. El mundo mineral proporciona los elementos que la vida necesita para construir raíces, tallos, hojas, flores, frutos y semillas.

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Mundo de la materia orgánica

La materia orgánica está formada por materiales que alguna vez estuvieron vivos y que regresan al suelo, como hojas, raíces, ramas, frutos, restos de plantas, animales, estiércol, compost y otros residuos orgánicos. Cuando estos materiales llegan al suelo comienzan a transformarse y se convierten en una fuente fundamental de carbono, energía y diferentes compuestos para los organismos que allí viven. La materia orgánica no debe entenderse simplemente como alimento directo para la planta, porque gran parte de su importancia está en alimentar y sostener la vida del suelo. Una hoja que cae, por ejemplo, no desaparece: primero es transformada por microorganismos, después sus componentes pasan por diferentes procesos y finalmente una parte de esa materia puede volver a incorporarse al suelo y participar nuevamente en la vida. Por eso la materia orgánica representa una de las grandes conexiones entre lo que estuvo vivo y lo que volverá a estarlo.

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Mundo de la microbiología

La microbiología comprende una enorme diversidad de organismos microscópicos que viven en el suelo y alrededor de las raíces, como bacterias, hongos y otros microorganismos. Aunque muchos de ellos son invisibles para nuestros ojos, realizan una enorme cantidad de transformaciones que permiten que el suelo permanezca vivo. Los microorganismos utilizan materia orgánica y compuestos liberados por las raíces como fuente de energía y, mediante sus procesos metabólicos, participan en la descomposición, transformación, movilización y solubilización de diferentes elementos minerales. De esta manera, la microbiología actúa como un gran puente entre el mundo mineral, la materia orgánica y la planta. La planta también participa activamente en esta relación, liberando por sus raíces exudados, como azúcares y otros compuestos, que sirven de alimento para numerosos microorganismos. Así se establece una relación permanente en la que la planta, la materia orgánica, los minerales y la microbiología se transforman mutuamente.

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La relación entre las 3 M

Cuando comprendemos estos tres mundos, entendemos que mineral, materia orgánica y microbiología no son elementos separados, sino partes de una misma realidad. El mineral aporta los elementos, la materia orgánica aporta materia y energía para la vida del suelo, y la microbiología participa en la transformación y movilización de esos elementos. La planta recibe los recursos que necesita, crece, produce nuevas hojas, raíces, flores, frutos y semillas, y finalmente parte de esa materia vuelve nuevamente al suelo. De esta manera, la naturaleza no funciona como una línea que comienza y termina, sino como una espiral continua de transformación.

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Las fuerzas y la energía de la naturaleza

Hay que comprender cómo circula todo, cómo asciende la energía, cómo los minerales viajan disueltos en el agua y cómo funcionan las diferencias de presión. ¿Quién empuja? ¿Quién sostiene? ¿Cómo podemos navegar dentro de una planta? Una persona que no entiende una planta jamás podrá entender lo que come y mucho menos comprender la vida. Hay que introducirse en las entrañas de la vida y descubrir sus misterios.

Cuando comenzamos a hacerlo desde una agricultura orgánica diferente, empezamos a comprender las relaciones de la física, que es la manera como resisten los elementos a su degradación, las relaciones de la química, que es la composición de los elementos y sus reacciones, y las relaciones de la biología, que es la que se encarga de vivificar y hacer soluble lo insoluble (transformar los minerales del suelo en una forma que las plantas puedan absorber a través de sus raíces).

Es precisamente esa interacción entre física, química y biología la que hace posible la manifestación de las tres únicas formas de energía que utiliza la vida: energía para la protección, energía para la reproducción y energía para la producción. No existen otros tipos de energía. La naturaleza produce energía para protegerse, reproducirse y producir.

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Cosechamos Energía

Cuando cosechamos una planta, estamos aprovechando una, dos o incluso las tres formas de energía. El ser humano nunca será autosuficiente. Ese discurso de que podemos ser completamente autosuficientes es falso. La especie humana no realiza fotosíntesis por lo que dependemos de que alguien más transforme la energía del Sol. Dependemos de las plantas, ellas capturan la energía solar y la almacenan en sus raíces. En las raíces existe un verdadero sol escondido. Allí permanece la energía que posteriormente asciende para alimentar toda la planta. La planta mantiene secuestrado un sol y este curso comienza precisamente cuando entendemos qué significa ese “sol secuestrado”. Hay que comenzar a entender ese mundo, un mundo profundamente orgánico donde todo parte del mundo mineral. Entonces surge una pregunta: ¿Qué es una planta?

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¿Qué es una planta?

Una planta es la manifestación constante de todos los momentos infinitos de transformación de los minerales. Una planta nunca es igual de un instante a otro. La planta pasa por infinitos momentos. El momento en que la fertilizamos es diferente del momento en que deja de recibir fertilización. El instante en que cambia la temperatura también modifica completamente su estado. Cada cambio representa un momento distinto.

Comprender esas relaciones es comenzar a entender la agricultura desde la vida. La planta es un registro dinámico de momentos, a cada instante la planta es diferente. ¿En qué momento la fertilizamos? ¿Qué ocurrió antes? ¿Qué está ocurriendo ahora? Todas esas relaciones son internas. Se habla constantemente de causa y efecto y la vida no funciona así. La vida no es simplemente una relación entre causa y efecto, esa es una visión bidimensional, cartesiana, lienal, matemática. La vida no es matemáticas. La vida no es un “uno más uno igual dos”. Si la vida fuera solamente causa y efecto, sería completamente predecible y todos los bosques serian iguales. Pero la vida es infinita. Es indefinible. La vida no es una secuencia obligatoria de acontecimientos, es una manifestación maravillosa. Entonces debemos hacernos otras preguntas sencillas: ¿Dónde se hace el calor? ¿Dónde permanece? ¿Cómo circula?

En ese universo infinito de relaciones comenzamos a comprender que el efecto también puede convertirse en una nueva causa. En la naturaleza, nada ocurre de manera completamente aislada: cada transformación modifica las condiciones para la siguiente. Lo que sucede en el suelo influye en la planta, la planta transforma su entorno y ese entorno vuelve a influir sobre ella. Existe, por tanto, una red permanente de relaciones donde cada elemento participa en la continuidad de la vida. Esta interdependencia constituye uno de los principios fundamentales de la agricultura orgánica: comprender la vida no como una sucesión de acontecimientos aislados, sino como un sistema vivo de relaciones y transformaciones.

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Cuando logramos encontrar el punto donde esas relaciones convergen, también encontramos una de las claves para comprender cómo la vida se conserva, se transmite y continúa. Ese punto está en la semilla.

La Semilla

La semilla representa una de las formas más extraordinarias de organización de la materia seca. En ella, la planta concentra y protege estructuras, información genética y reservas necesarias para iniciar una nueva vida. Es una estructura aparentemente pequeña, pero contiene la capacidad de reconstruir un organismo completo cuando encuentra las condiciones adecuadas.

La semilla no es simplemente el comienzo de una planta: es la continuidad de la vida concentrada en una estructura capaz de esperar, resistir y volver a manifestarse. En ella se encuentra el resultado de innumerables transformaciones anteriores y, al mismo tiempo, el potencial de todas las transformaciones que todavía están por venir. Por eso podemos comprenderla como un verdadero punto de unión entre el pasado de la vida y su futuro. La semilla es sagrada. Pero entonces surge otra pregunta: ¿De dónde nace realmente una semilla?

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¿De dónde nace realmente una semilla?

Nace precisamente de ese punto donde el mundo mineral se transforma en un mundo vivo y orgánico. Ese punto de encuentro es el humus. El humus representa la intersección entre ambos mundos. Allí ocurre el milagro de la transformación. Allí la materia deja de ser solamente mineral y comienza verdaderamente la vida. El humus representa la unificación de la vida, allí convergen el mundo mineral y el mundo orgánico. Es el punto donde ambos dejan de estar separados para convertirse en una sola realidad. Esa es la esencia de la vida. Comprender esto nos permite comenzar a entender algo aparentemente sencillo: ¿Qué es una hoja?

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¿Qué es una hoja?

Una hoja no es solamente una estructura verde: es un verdadero milagro bioquímico. En ella ocurre una de las transformaciones más extraordinarias de la naturaleza. Allí la planta captura carbono de la atmósfera y lo transforma en energía viva. Todo sucede gracias a un proceso extremadamente sofisticado que llamamos fotosíntesis. Pero ese proceso no ocurre aislado. Existe una comunicación permanente entre la hoja, la materia orgánica, el suelo y la microbiología. Muchas veces se dice que la materia orgánica alimenta directamente a la planta, pero no es así, la materia orgánica alimenta a la microbiología. Y es esa microbiología la que procesa los minerales y los pone verdaderamente a disposición de la planta. La planta mantiene una comunicación constante con los microorganismos y esa comunicación ocurre mediante energía.

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El sol y la fotosíntesis

Cada día una planta entrega aproximadamente entre 60 y 70 miligramos de azúcares por sus raíces para alimentar a los microorganismos del suelo. Es extraordinario pensar que una cantidad tan pequeña de azúcar sea suficiente para movilizar un universo completo de bacterias, hongos y otros organismos. Gracias a esa energía, los microorganismos transforman los minerales y los hacen disponibles para la planta. La planta conversa permanentemente con la microbiología. Cuando necesita producir flores, envía señales. La microbiología responde entregándole los elementos necesarios.

Cuando la planta comienza a formar frutos, vuelve a comunicarse con los microorganismos, y nuevamente recibe aquello que necesita. Todo funciona mediante una comunicación permanente. La microbiología nunca permanece estática. Se renueva minuto a minuto. Es un proceso continuo impulsado por la energía. Esa renovación permanente es uno de los grandes milagros de la naturaleza que sucede gracias a los cloroplastos. Un cloroplasto es una pequeña parte que está dentro de las células de las plantas y que funciona como una mini fábrica de energía. El cloroplasto captura la luz del Sol y la utiliza para fabricar alimento mediante la fotosíntesis. El cloroplasto es como el panel solar de la planta: recibe la luz del Sol y ayuda a convertirla en energía para vivir.  Si comprendemos el funcionamiento de los cloroplastos, podremos comprender realmente la agricultura orgánica, porque entender una planta significa, antes que cualquier otra cosa, entender cómo captura, transforma y administra la energía para sostener la vida.

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Comprender los cloroplastos significa comprender el origen de toda la energía que sostiene la vida. Cada una de estas estructuras mantiene una relación permanente con las demás unidades de la célula, formando un sistema integrado donde nada funciona de manera aislada. Esa acumulación y transformación de energía es la que permite que exista la vida tal como la conocemos. Pero esta energía no permanece únicamente dentro de la planta; también alimenta a la microbiología del suelo. Allí aparece un concepto fundamental: la endosimbiosis (uno dentro de otro).

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¿Quiénes participan en esa endosimbiosis?

Principalmente bacterias y hongos, organismos que acompañaron la conquista de la vida terrestre y permitieron que las primeras plantas pudieran establecerse sobre los continentes. Si no comenzamos a entender esta dinámica, jamás podremos recuperar una agricultura orgánica verdaderamente diferente de la agricultura química. La agricultura química se fundamenta en ofrecer productos para consumir y matar, mientras que la agricultura orgánica busca comprender las relaciones que sostienen la vida. Por eso debemos aprender a encontrar respuestas complejas observando fenómenos sencillos. Cuando partimos de lo simple para comprender lo complejo, descubrimos que existe un punto de integración donde convergen todas las relaciones. Entonces: ¿Cómo funciona un bosque?

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¿Cómo funciona un bosque?

La biología son los intestinos del suelo, son los cocineros de las plantas.  Es la biología que le dice a la planta: “ahí te va tal nutriente”, y la planta, por el desarrollo que tiene, le dice al microorganismo: “necesito boro”. Y el microorganismo recibe nutrientes de la planta: carbohidratos, azúcares. La planta se comunica con los microorganismos a partir de los exudados de la raíz. La raíz constantemente está soltando azúcar. Pero la planta, en ese momento cuando necesita boro, está en floración o va para floración por lo que tiene un metabolismo cargado de hormonas. Entonces el microorganismo dice: – Dame hormonas y te doy boro -. Entonces la planta suelta hormonas para la microbiología, ya que  la microbiología necesita hormonas para reproducción. La microbiología le paga a la planta solubilizando el boro (transformar el mineral de suelo en una forma que las plantas puedan absorber a través de sus raíces), y la planta toma el boro para aumentar el tamaño de la floración y del fruto.

Pasó la floración. La planta dice: – Necesito magnesio -. Entonces el microorganismo dice: – Yo necesito hierro -. Entonces hay trueque. La planta le da hormonas, el microorganismo entrega hierro, y se intercambian. Siempre se complementan los elementos. Eso se llama reciprocidad de los elementos de la tabla periódica en la nutrición. Hay un libro escrito sobre todo esto en 1965. Se llama “Reciprocidad de los elementos en las plantas”. Como los elementos son recíprocos, están siempre amarrados. Sabemos que las plantas tienen esa relación

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¿Cómo es el enfoque de una agricultura totalmente química?

Una agricultura totalmente de venenos. A difernecia de la agricultura orgánica que se fundamenta en 3 pliares fundamentales, la agricultura de los venenos se fundamenta sólo en 2: la física del suelo (donde las plantas están ancladas) y la química. ¿Quién falta ahí? La Microbiología. ¿Por qué? Porque es el elemento biológico el que hace la solubilidad que, como hemos visto recientemente, es transformar los minerales del suelo en una forma que las plantas los puedan absorber a través de sus raíces. Entonces ¿qué nos vende la industria? Fertilizantes altamente solubles con nitrógeno, fósforo y potasio (NPK).

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Si la industria me vende un servicio de solubilidad, la primera cosa que debería preguntarme es: ¿Por qué yo no puedo hacer la solubilidad? ¿Por qué no tengo la solubilidad? Porque me falta la biología. La industria lo que hizo fue monopolizar el lado de la solubilidad. Cuando yo compro un servicio de la industria, compro un servicio que la naturaleza me presta gratuitamente. ¿Y por qué no tengo la biología?

Insecticida…

Fungicida…

Pesticida…

Yo inactivé la biología. Si inactivé la biología no tengo solubilidad y ahí está el éxito industrial. Entonces, ¿qué hacer? Aprender solubilidad de los minerales. ¿Cómo se solubilizan los minerales? Entendiendo la biología.

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Vean una cosa muy sencilla para entender cómo se elimina la biología del suelo. ¿Qué vende la industria? Vende fungicidas. ¿Dónde aplican el fungicida? Pues a las hojas, ¿verdad? Del principio activo del fungicida que tú aplicas a una planta…

¿Cuánto cae en la planta y cuánto cae al suelo?

Vamos a resumir. El 99,5 % del principio activo de todo fungicida se dirige al suelo. Ningún agrónomo protege el suelo para aplicar un fungicida. Solamente el 0,5 % del principio activo del veneno cae en las hojas. La mayoría se lava y va para el suelo.

¿Los fungicidas son selectivos, solamente matan un tipo de hongo?

No. Los fungicidas son de amplio espectro.No son selectivos. O sea, matan todo lo que pueden matar. Entonces yo paralizo el suelo. ¿Qué hay en el suelo transformando la materia orgánica? Organismos. El negocio es redondo: Si yo tengo fungicida aplicado al suelo, voy a inhibir la biología. Cuando yo aplico un fungicida para el suelo, en la realidad yo especializo el suelo para un determinado cultivo y simplifico la biología del suelo. Entonces, cada vez que yo aplico un veneno, simplifico el factor digestivo de la materia orgánica. Es él el que va a hacer posible que la planta se mantenga nutrida y al mismo tiempo saludable, fuerte y sin enfermedades.

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Círculo vicioso

Después viene un insecticida. ¿Por qué? Porque al estar más débil viene el insecto y la consume. Las plantas débiles son pastoreadas por insectos. Entonces viene el círculo vicioso, plaguicida, herbicida, nematicida, etc. Al ultilizar un fertilizante altamente soluble de la agroindustria, al aumentar la solubilidad de los nutrientes también aumenta la solubilidad del contenido celular de la planta, y una célula con mayor disponibilidad de compuestos solubles resulta mucho más atractiva para insectos y patógenos. Cuando aplicamos venenos o pesticidas, especialmente fungicidas, alteramos directamente la armonía existente entre los cloroplastos y las mitocondrias (encargados de producir energía, procesar nutrientes y transformar moléculas vitales para la vida). Esa alteración modifica el funcionamiento bioquímico de la planta, incrementando artificialmente la disponibilidad de energía.

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El fósforo y los insectos

La bioquímica vegetal trabaja permanentemente con el fósforo, y cuando aplicamos productos fosforados altamente solubles esa disponibilidad energética aumenta todavía más. Como consecuencia, los insectos encuentran una enorme cantidad de energía fácilmente accesible.

Los insectos poseen una capacidad limitada para producir su propia energía, por lo que siempre buscan plantas donde esa energía ya se encuentre disponible. Cuando una planta es atacada por insectos, hongos o parásitos, en realidad estos organismos están buscando energía fácilmente aprovechable. Si encuentran una planta rica en energía libre, cambian completamente su metabolismo: aumenta su longevidad, incrementan su fertilidad, producen más huevos, acortan sus ciclos reproductivos y multiplican rápidamente sus poblaciones.

Cuanto mayor es la cantidad de fertilizantes altamente solubles y pesticidas que aplicamos, mayor suele ser la respuesta reproductiva de esos organismos. Por eso el verdadero problema no consiste en eliminar los insectos, sino en comprender qué está ocurriendo nutricionalmente dentro de la planta. Debemos estudiar la relación entre la nutrición vegetal y la presencia de insectos, porque estos no aparecen por casualidad.  Cuando una planta ofrece exactamente los nutrientes y la energía que un insecto necesita, este encuentra allí las condiciones ideales para alimentarse y reproducirse. En consecuencia, antes de la presencia del insecto siempre existe un disturbio fisiológico en la planta.

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Los insectos son indicadores de la desarmonía que la agricultura química provoca mediante la alteración de las relaciones naturales entre la nutrición, la energía y la biología del suelo. En una planta donde existe armonía no sobra energía disponible; la energía producida durante el día es utilizada y regulada eficientemente por la propia planta. En esas condiciones los insectos encuentran menos alimento energético, disminuye su fertilidad, viven menos tiempo, producen menos huevos y sus ciclos biológicos se vuelven más largos.

En esas condiciones los insectos encuentran menos alimento energético, disminuye su fertilidad, viven menos tiempo, producen menos huevos y sus ciclos biológicos se vuelven más largos. La agricultura química, por el contrario, rompe esa armonía, incrementa artificialmente la energía libre y deja disponible una enorme cantidad de materia prima para insectos, hongos y demás organismos oportunistas, que simplemente aprovechan la oportunidad que la propia planta les ofrece.

La agricultura química incrementa artificialmente la energía disponible dentro de la planta y, al hacerlo, facilita la aparición de organismos oportunistas. Los hongos, por ejemplo, no poseen la capacidad de producir por sí mismos la energía que necesitan; por eso reciben el nombre de oportunistas. Siempre están buscando el momento adecuado, una planta que les ofrezca energía fácilmente disponible para poder establecerse. Lo mismo ocurre con muchos insectos y otros parásitos: no crean el problema, simplemente aprovechan una condición favorable que la propia planta les ofrece.

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La cromatografía

Por eso es necesario comprender principios como la termodinámica (cómo la energía entra, sale y se transforma) aplicada a la agricultura. Si logramos entender la relación entre el Sol, la energía y la agricultura, comenzaremos a comprender las verdaderas bases que sostienen la vida vegetal. Todo esto conduce nuevamente a un concepto fundamental: la integración. Ese punto de integración representa el lugar donde se encuentran y se relacionan los diferentes procesos que hacen posible la vida. Precisamente allí aparece la importancia de la cromatografía (técnica para evaluar la salud y la vitalidad del suelo).

Un cromatograma no es simplemente una prueba de laboratorio; es una representación de las relaciones físicas, químicas y biológicas que existen dentro del suelo. Refleja la manera en que la materia orgánica, la microbiología y los minerales interactúan entre sí. Cuando observamos un cromatograma de buena calidad encontramos una integración armónica entre esos tres mundos. Esa integración es la que permite que los procesos biológicos ocurran de manera continua. Por esa razón necesitamos incorporar materia orgánica al suelo, no solamente para alimentar a la planta, sino para volver a conectar el mundo biológico con el mundo mineral.

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Agroindustria (vida) vs. Agricultura Orgánica (muerte)

La materia orgánica actúa como un puente que restablece esa comunicación permanente. Sin embargo, esa unificación solamente puede alcanzarse desde la humildad. Practicar agricultura orgánica requiere una gran estructura ética, pero sobre todo requiere humildad y humanidad. Cuando observamos un cromatograma no estamos viendo simplemente colores; estamos contemplando la manifestación de las relaciones entre los minerales, la materia orgánica y la microbiología. Esa es la verdadera interpretación de un croma.

La arquitectura del cromatograma es sorprendentemente sencilla, porque trabaja únicamente con círculos y formas simples. Allí podemos comparar el comportamiento físico, químico y biológico del suelo orgánico y el de la industria , y comprender algo muy importante: la industria nunca vende vida.

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Conceptos que no debemos olvidar

Bacterias: Microorganismos que participan en la transformación de la materia y los minerales del suelo.

Biología del suelo: Todos los seres vivos que habitan el suelo y participan en sus transformaciones.

Cloroplasto: Pequeña estructura dentro de las células vegetales que captura la luz del Sol y participa en la fotosíntesis.

Cromatografía: Técnica que permite observar patrones que representan las relaciones físicas, químicas y biológicas del suelo.

Cromatograma: Imagen que se obtiene mediante una cromatografía y que permite observar visualmente diferentes características del suelo.

Endosimbiosis: Relación en la que un organismo vive dentro de otro.

Exudados: Sustancias, como azúcares, que las raíces liberan al suelo para relacionarse con los microorganismos.

Fotosíntesis: Proceso mediante el cual la planta utiliza la luz del Sol para producir alimento y energía.

Hongos: Organismos que forman parte de la microbiología y pueden establecer relaciones con las raíces de las plantas.

Humus: Materia orgánica muy transformada que representa un punto de encuentro entre el mundo mineral y el mundo orgánico.

Materia orgánica: Material que alguna vez estuvo vivo, como hojas, raíces, frutos, ramas, estiércol o compost.

Microbiología: Conjunto de seres vivos muy pequeños que viven en el suelo y cerca de las raíces.

Microorganismo: Ser vivo tan pequeño que normalmente necesitamos un microscopio para verlo, como muchas bacterias y hongos.

Mineral: Elemento que forma parte de las rocas y del suelo y que puede ser utilizado por las plantas.

Reciprocidad: Relación en la que diferentes elementos u organismos se complementan e intercambian recursos.

Solubilidad: Transformación de un mineral para que pueda quedar disponible y ser absorbido por las raíces a través del agua.

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En el próximo capítulo

Hasta aquí hemos comenzado a comprender que la vida no puede explicarse únicamente desde lo que vemos. Detrás de cada planta existe una historia de relaciones entre minerales, materia orgánica, microbiología, energía y, especialmente, información. La planta no solo recibe elementos del suelo: también responde permanentemente a las condiciones que la rodean, y en esa interacción se expresa una información que viene de mucho más atrás. Los genes que encontramos en una semilla no son una realidad aislada; son el resultado de una historia de adaptación y de la interacción constante entre la vida y su ambiente.

Por eso, para comprender realmente una semilla, no basta con mirar su estructura: debemos comenzar a preguntarnos de dónde proviene la información que contiene, cómo se relaciona con el ambiente y cómo las condiciones externas pueden influir en la manera en que esa información se manifiesta. Desde aquí podemos avanzar un poco más en el espiral y ampliar nuestra mirada hacia la relación entre la vida, el ambiente y la transmisión de sus características. Este será el punto de partida de Agricultura Orgánica Básica y Agroindustria I.II – El medio ambiente, semillas y evolución, donde profundizaremos en las semillas, los genes y la relación permanente entre la información de la vida y el ambiente que la rodea.

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